Sueños rotos

miércoles, 21 de agosto de 2013

Monstruos.

Cuenta la leyenda que una chica fue torturada cruelmente por unos monstruos.
Unos monstruos inánimes capaces de todo, pero a la misma vez de nada.
Ellos tenían presa a la chica; presa dentro de una cúpula, evadida y escondida del mundo, y, de todo aquello que la rodeaba.
La joven, antes de ser esclavizada por los monstruos, solía ser alegre, con ganas de vivir y esperanzada por todo, pero desde que llegaron esos "seres" no era feliz, vivía reclusa en su cúpula, la cual fueron forjado aquellos monstruos, haciendo que, la chica, se quedara sola; al menos para los ojos de la joven.
Los monstruos la engañaron con dulces mentiras, le decían que ellos eran capaces de hacer cumplir sus sueños. Pero, a cambio, debería creer en ellos, siempre.
La joven, inocente e incrédula, aceptó sin saber que ellos la llevarían al más oscuro infierno, donde tendría que pagar un alto precio por las palabras de aquellos monstruos.
Al principio, a la chica no le pareció tan malo todo eso; los monstruos solo aparecían a veces y ella pensaba que así sería siempre.
Le decían que si quería lograr su sueño, tenía que dejar de comer poco a poco. Ofreciéndole, cada vez, cantidades más escasas de alimento a su cuerpo.
La chica lo cumplía.
Cada vez menos comida, y mientras menos comida menos hambre tenía. Pero, alguna vez, la ansiedad por comer podía con ella, haciendo así que se pasara del límite impuesto.
Los monstruos volvían a aparecer, diciéndole que por haberlos desobedecido, debía ser castigada.
"Ahora, por tu insensatez, vomitarás todo cuanto has consumido" - le decían.
Ese era el castigo. Un castigo nada agradable, por lo que la chica intentaba cumplir lo que los monstruos le ordenaban.
Al poco tiempo, le comenzaron a decir que lo que comía lo debía quemar, que si no; "no lograría cumplir su sueño".
Una vez más, la chica obedeció y así, cada día, quemaba todo lo que comía; que no era mucho.
La ingesta de poco alimento y ejercicio en exceso debilitaban a la chica, tanto que cada vez que se levantaba de algún lado, se mareaba.
Los monstruos, no contentos con todo aquello, incitaron a la chica a hacerse daño. Le decían que eso "aliviaba" el dolor, pero esta vez, ella se lo tuvo que pensar.
Una noche, entre lágrimas y lágrimas; como todas, se le vino a la cabeza lo que los monstruos le dijeron y, acto seguido sin pensarlo; pues la depresión que tenía encima era demasiada para la que podía soportar, se levanta de donde estaba sentada, va a un cajón y coge unas tijeras.
Vuelve al sitio donde se encontraba antes y se para un momento a pensar, ella no quería, pero ahora la obligaban.
La chica comienza a deslizar las tijeras por sus delicadas muñecas; queriendo parar, sin resultado alguno. La rabia con la que la cuchilla se deslizaba por su piel era cada vez más grande, sin saber por qué.
No para de llorar, sabe que está mal hacer eso, pero en el fondo se siente bien.
Cuando la dejan parar, ha conseguido dejar de llorar.
Parece mentira que el dolor físico sea inferior al que siente cada día dentro de ella.
No obstante, la aparición de los monstruos cada vez es más constante y ya no eran esos monstruos dulces del principio, no. Ahora eran una pesadilla que la perseguían día y noche.
Una pesadilla que cada momento que pasaba era más difícil de llevar.
Esos monstruos ya no le hablaban con buenas palabras, ahora sus palabras eran desagradables, la insultaban y la menospreciaban, la hacían sentir inferior a cualquier otro ser.
El autoestima de la chica, ya, iba rondando por el subsuelo, y cada día más.
No se quería mirar al espejo, y mucho menos pesarse, su temor por  coger peso la hacía llorar y si su apetito ya era mínimo, disminuía más aun.
Cuando iba por la calle, si la gente la miraba, pensaba que criticaban su físico, o si se reían, "era de ella".
Intentaba sonreír con los demás  pero cada vez era más difícil fingir sonrisas.
Al llegar a casa, se encerraba en el cuarto y se ponía a llorar, eso era todo lo que podía hacer.
Muchas veces tenía la sensación de no ser suficiente para nadie y buena para nada, pensaba que si ella se quería poco y se daba asco, ¿qué pensarían los demás de ella?
"Tú te das asco, pero a la gente le repugnas, no ves que haces daño con solo estar presente. Nosotras te decimos la verdad, somos los únicos a los que debes hacerles caso, la gente es mala y solo quiere hacerte daño. Se ríen de ti" - le respondían en ese momento los monstruos.
La chica quedaba destrozada y pensaba que si ella se fuera de ahí, si desapareciera, nadie la echaría en falta.
Muchas veces piensa en quitarse la vida, piensa en cada mínimo detalle. Pero también piensa que no está birn eso.
Hay veces en las que ha estado al borde de hacerlo.
"Soy tan cobarde, que ni de esto me atrevo" - piensa ella.
Su vida no tiene sentido, o al menos eso es lo que los monstruos le hacen creer.
Lo que empezó como un sueño ha acabado siendo un infierno que la estaba destrozando.
Los monstruos son solo las voces de su cabeza y la chica, ahora, no es más que una pobre perdida que no sabe que hacer.
Estas cosas pasan a diario y durante largo periodo de tiempo a algunas personas. Y todo empieza por unas "gracias" que hacen algunos.
¿Has visto lo que puedes conseguir con ello?
A nadie le gustaría vivir esta pesadilla, y si sabe lo que es; tampoco la desearía.

martes, 20 de agosto de 2013

Carta secreta.

Pasa el tiempo, y no te das cuenta de lo que está pasando. De que todo ha cambiado. De que ya nada es como antes.
Todo iba bien, hasta que empezaste a tener un poco de uso de razón, hasta que las palabras empiezan a doler. Hasta que la gente habla para hacer daño.
¿Veis todas esas palabras que muchos decís como gracias? ¿Esas palabras que tantos de vosotros os tomáis a broma?
Pues esas palabras consiguen sacar lo peor de alguien. Pero no para los demás, si no para él mismo. Sonríe por fuera, pero por dentro es una lucha continua entre su cabeza y sus sentimientos. Sus fuerzas y ganas de seguir o sus miedos y obsesiones.
Esas palabras que se acaban creyendo y con las que, muchas personas, se destruyen.
Se las acaban creyendo tanto que su mente las empieza a repetir inconscientemente, día tras día. Obsesionando de tal manera, que ya no vives para ser feliz; ahora vives para complacer a tu mente.
Esa misma mente que te menosprecia, que te habla continuamente aumentando todo defecto que puedas tener, por mínimo que sea.
Poco a poco, te vas sintiendo sola; por mucha gente que haya a tu alrededor. Todos riendo, siendo felices y tú, sin embargo, fingiendo sonrisas.
Llegas a un punto en el que te acostumbras a fingir esas sonrisas pero, claro está que, solo de puertas para fuera. Cuando llegas a casa te hundes. Vuelves a sentirte la misma "cosa" insignificante de cada día.
Pero, ¿sabéis qué es lo mejor?
Que no puedes contar con nadie. No tienes el apoyo de nadie.
Vas viendo como cada vez estás más hundido y tienes menos apoyo que antes.
Y no puedes contar nada, por que la gente se aprovecha. Unos se enfadan, otros te dejan de hablar, otros se preocupan, todo por que no te entienden. No saben tu historia ni saben nada. Piensan que con verte sonreír cada día ya lo saben todo. Ya eres feliz por que no muestras la más mínima tristeza. Pero, ¿sabeis qué? Sonreír no significa ser feliz, como que no te vean llorar, no significa que nunca lo hagas.
A veces piensas que puedes sola con todo este mundo en el que te has metido, pero la realidad es que no, no puedes ni contigo. Abarcas demasiado cuando tu límite está mucho más por debajo, pero ese límite ya te da igual. Necesitas más y más y más pero cuando recaes y te "rindes", sin darte cuenta, vuelven a tu mente esos años atrás en los que todas esas palabras y actos que aguantaste te inundan y pueden contigo.
Tu mente se vuelve a apoderar de ti, otra vez, como acostumbra a hacer diariamente.
Te dice que te mires al espejo y te observes atentamente, que mires lo imperfecta que eres. Cada defecto y cada fallo que tienes.
Lo haces, todos los días. Hasta que acabas llorando frente al espejo, pensando que eres tan poco que si no estuvieras ahí, en ese preciso momento, nadie lo echaría en falta.
La gente cree que te ayuda enfadándose o dejándote de hablar, pero lo que en realidad consiguen es que te hundas más en ese circulo vicioso de obsesiones que tu mente ha creado. No se dan cuenta de que no ayudan; de que si quieren ayudar, lo que deben hacer es dar apoyo y comprensión.
Pero no lo hacen, y las consecuencias después las paga esa persona.
Así es la vida de una chica acomplejada, con la cual, las palabras y los actos del pasado han podido con ella haciendo que se consuma hasta llegar a eso.
Es triste, ¿verdad?
Por eso suelen decir: "No hagas nada que no querrías que te hicieran a ti".

Marioneta de una obra narrada por voces.

Y, ahora, lloras sin motivo. Son ya tantas cosas las que se juntan que no sabes ni el por qué.
Piensas que eres fuerte, que puedes salir de los problemas tan fácilmente como entraste, pero no es así. Cuanto más tiempo pasa más vas adentrándote en ese pozo sin fondo, ese pozo del que piensas que podrás salir cuando quieras, sin saber cuan equivocada estás.
Y, poco a poco te das cuenta que, no solo es ese el problema al que vas a tener que enfrentarte; cada día que pasa son más y más y a la misma vez te vas dando cuenta de que, con el paso de los días, estás más sola. De que, en realidad, no tienes a nadie que te pueda ayudar, a nadie que te pueda animar, que te haga reír o que te saque una sonrisa; te vas dando cuenta de que no te tienes ni a ti misma, por que llegas a un punto en el que tú eres el foco del problema y la única solución la tienes tú.
Todo empieza intentando ser lo que no eres, te acostumbras a fingir, a mentir sobre como estás, y esa es tu rutina.
Y, a sabiendas que necesitas ayuda, no la pides por que tienes miedo. Deseas poder salir pero, en tu cabeza, algo te impide hacerlo y te "conciencia" de que está mal pensar eso, de que tienes que hacerle caso en todo lo que te diga, sin prestarle atención a cualquier otra opinión.
Con el tiempo, te vas adentrando y adentrando, y esa voz sigue ahí, cada día más constante, impidiéndote ser feliz.
Impidiendo que sonrías y haciéndote llorar.
Esa misma voz se va convirtiendo en "una persona" que está presente en tu día a día y te va machacando y manejando a su antojo, cual marioneta fueras.
Y es que en realidad es eso lo que eres; una marioneta, y tu vida es una "obra" de la que esa voz es la narradora.
En esa obra, es narrada la historia de una chica, contando como sus complejos se volvieron temores; obsesiones que no la dejan vivir.
Se narra como el espejo, la balanza y la comida se van convirtiendo en sus peores enemigos, tan rápidamente que ni ella misma se da cuenta del problema.
La comida la tortura, el espejo la engaña y la balanza la hace llorar. No obstante, comienza a escuchar voces que cada vez que tiene hambre le recriminan y echan en cara todos y cada uno de esos complejos que la han metido en esa historia.
Con el tiempo va bajando de peso, pero eso la vuelve débil, no le deja fuerzas para muchas cosas, todo por la carencia de alimento. Pero ella se sigue viendo mal, su imagen se distorsiona, pese a que su peso sea mucho inferior al de hace unos meses.
No contenta, la narradora de la historia con el destino de la chica, decide hacerla sufrir más aun y decide que para "aliviar" su daño psicológico, tiene que dañarse físicamente.
Esto a la chica la hace sentir bien y piensa que por qué no seguir haciéndolo.
En su cuerpo se aprecian las marcas, esas marcas de la batalla en contra de esas voces, puesto que piensa que al terminar de cortarse, sus problemas se habrán ido, pero no es así. Sus problemas siguen ahí, igual de presentes que cada día.
El tiempo pasa rápido y la chica sigue llorando en silencio, cada noche cuando todos se duermen.
Piensa que para qué seguir ahí, que a nadie le importaría si se fuera, pero a los segundos otros pensamientos la inundan y piensa que no puede rendirse después de todo lo pasado.
La chica se duerme llorando, pero a la mañana siguiente, al despertar, la pena le vuelve a inundar.
Su estado de depresión es tal que no quiere salir, ni quiere ver a nadie, y su problema con la comida sigue presente.
Los padres y amigos de la chica se preocupan, ven como poco a poco se consume y se queda en nada.
Su huesos cada vez se marcan más, pero eso ella no lo ve. Las voces de su cabeza le dicen que tiene que seguir, que sigue igual de "gorda" o más, y eso a ella la hunde.
Llorar ya se ha vuelto en una costumbre, una monotonía de la que no se puede despegar.
"¿Por qué la gente se preocupa y se enfada? No lo entiendo" - se pregunta la chica cada día -. "Yo me veo igual".
Su peso ya está por debajo de lo normal, pero sigue sin verlo, sus mareos cada vez son más constantes y su depresión no desaparece, pero ya está demasiado metida en el problema. Ahora no puede salir sola, necesita ayuda.
Ella pensaba que podría salir, pero ¿cómo pudo llegar a pensar eso?
Su cabeza la habia llevado, poco a poco, al borde del abismo sin, a penas, apreciarlo.
En esta historia, la protagonista puede que seas tú. ¿De verdad quieres acabar así?