Sueños rotos

martes, 20 de agosto de 2013

Marioneta de una obra narrada por voces.

Y, ahora, lloras sin motivo. Son ya tantas cosas las que se juntan que no sabes ni el por qué.
Piensas que eres fuerte, que puedes salir de los problemas tan fácilmente como entraste, pero no es así. Cuanto más tiempo pasa más vas adentrándote en ese pozo sin fondo, ese pozo del que piensas que podrás salir cuando quieras, sin saber cuan equivocada estás.
Y, poco a poco te das cuenta que, no solo es ese el problema al que vas a tener que enfrentarte; cada día que pasa son más y más y a la misma vez te vas dando cuenta de que, con el paso de los días, estás más sola. De que, en realidad, no tienes a nadie que te pueda ayudar, a nadie que te pueda animar, que te haga reír o que te saque una sonrisa; te vas dando cuenta de que no te tienes ni a ti misma, por que llegas a un punto en el que tú eres el foco del problema y la única solución la tienes tú.
Todo empieza intentando ser lo que no eres, te acostumbras a fingir, a mentir sobre como estás, y esa es tu rutina.
Y, a sabiendas que necesitas ayuda, no la pides por que tienes miedo. Deseas poder salir pero, en tu cabeza, algo te impide hacerlo y te "conciencia" de que está mal pensar eso, de que tienes que hacerle caso en todo lo que te diga, sin prestarle atención a cualquier otra opinión.
Con el tiempo, te vas adentrando y adentrando, y esa voz sigue ahí, cada día más constante, impidiéndote ser feliz.
Impidiendo que sonrías y haciéndote llorar.
Esa misma voz se va convirtiendo en "una persona" que está presente en tu día a día y te va machacando y manejando a su antojo, cual marioneta fueras.
Y es que en realidad es eso lo que eres; una marioneta, y tu vida es una "obra" de la que esa voz es la narradora.
En esa obra, es narrada la historia de una chica, contando como sus complejos se volvieron temores; obsesiones que no la dejan vivir.
Se narra como el espejo, la balanza y la comida se van convirtiendo en sus peores enemigos, tan rápidamente que ni ella misma se da cuenta del problema.
La comida la tortura, el espejo la engaña y la balanza la hace llorar. No obstante, comienza a escuchar voces que cada vez que tiene hambre le recriminan y echan en cara todos y cada uno de esos complejos que la han metido en esa historia.
Con el tiempo va bajando de peso, pero eso la vuelve débil, no le deja fuerzas para muchas cosas, todo por la carencia de alimento. Pero ella se sigue viendo mal, su imagen se distorsiona, pese a que su peso sea mucho inferior al de hace unos meses.
No contenta, la narradora de la historia con el destino de la chica, decide hacerla sufrir más aun y decide que para "aliviar" su daño psicológico, tiene que dañarse físicamente.
Esto a la chica la hace sentir bien y piensa que por qué no seguir haciéndolo.
En su cuerpo se aprecian las marcas, esas marcas de la batalla en contra de esas voces, puesto que piensa que al terminar de cortarse, sus problemas se habrán ido, pero no es así. Sus problemas siguen ahí, igual de presentes que cada día.
El tiempo pasa rápido y la chica sigue llorando en silencio, cada noche cuando todos se duermen.
Piensa que para qué seguir ahí, que a nadie le importaría si se fuera, pero a los segundos otros pensamientos la inundan y piensa que no puede rendirse después de todo lo pasado.
La chica se duerme llorando, pero a la mañana siguiente, al despertar, la pena le vuelve a inundar.
Su estado de depresión es tal que no quiere salir, ni quiere ver a nadie, y su problema con la comida sigue presente.
Los padres y amigos de la chica se preocupan, ven como poco a poco se consume y se queda en nada.
Su huesos cada vez se marcan más, pero eso ella no lo ve. Las voces de su cabeza le dicen que tiene que seguir, que sigue igual de "gorda" o más, y eso a ella la hunde.
Llorar ya se ha vuelto en una costumbre, una monotonía de la que no se puede despegar.
"¿Por qué la gente se preocupa y se enfada? No lo entiendo" - se pregunta la chica cada día -. "Yo me veo igual".
Su peso ya está por debajo de lo normal, pero sigue sin verlo, sus mareos cada vez son más constantes y su depresión no desaparece, pero ya está demasiado metida en el problema. Ahora no puede salir sola, necesita ayuda.
Ella pensaba que podría salir, pero ¿cómo pudo llegar a pensar eso?
Su cabeza la habia llevado, poco a poco, al borde del abismo sin, a penas, apreciarlo.
En esta historia, la protagonista puede que seas tú. ¿De verdad quieres acabar así?

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