Pasa el tiempo, y no te das cuenta de lo que está pasando. De que todo ha cambiado. De que ya nada es como antes.
Todo iba bien, hasta que empezaste a tener un poco de uso de razón, hasta que las palabras empiezan a doler. Hasta que la gente habla para hacer daño.
¿Veis todas esas palabras que muchos decís como gracias? ¿Esas palabras que tantos de vosotros os tomáis a broma?
Pues esas palabras consiguen sacar lo peor de alguien. Pero no para los demás, si no para él mismo. Sonríe por fuera, pero por dentro es una lucha continua entre su cabeza y sus sentimientos. Sus fuerzas y ganas de seguir o sus miedos y obsesiones.
Esas palabras que se acaban creyendo y con las que, muchas personas, se destruyen.
Se las acaban creyendo tanto que su mente las empieza a repetir inconscientemente, día tras día. Obsesionando de tal manera, que ya no vives para ser feliz; ahora vives para complacer a tu mente.
Esa misma mente que te menosprecia, que te habla continuamente aumentando todo defecto que puedas tener, por mínimo que sea.
Poco a poco, te vas sintiendo sola; por mucha gente que haya a tu alrededor. Todos riendo, siendo felices y tú, sin embargo, fingiendo sonrisas.
Llegas a un punto en el que te acostumbras a fingir esas sonrisas pero, claro está que, solo de puertas para fuera. Cuando llegas a casa te hundes. Vuelves a sentirte la misma "cosa" insignificante de cada día.
Pero, ¿sabéis qué es lo mejor?
Que no puedes contar con nadie. No tienes el apoyo de nadie.
Vas viendo como cada vez estás más hundido y tienes menos apoyo que antes.
Y no puedes contar nada, por que la gente se aprovecha. Unos se enfadan, otros te dejan de hablar, otros se preocupan, todo por que no te entienden. No saben tu historia ni saben nada. Piensan que con verte sonreír cada día ya lo saben todo. Ya eres feliz por que no muestras la más mínima tristeza. Pero, ¿sabeis qué? Sonreír no significa ser feliz, como que no te vean llorar, no significa que nunca lo hagas.
A veces piensas que puedes sola con todo este mundo en el que te has metido, pero la realidad es que no, no puedes ni contigo. Abarcas demasiado cuando tu límite está mucho más por debajo, pero ese límite ya te da igual. Necesitas más y más y más pero cuando recaes y te "rindes", sin darte cuenta, vuelven a tu mente esos años atrás en los que todas esas palabras y actos que aguantaste te inundan y pueden contigo.
Tu mente se vuelve a apoderar de ti, otra vez, como acostumbra a hacer diariamente.
Te dice que te mires al espejo y te observes atentamente, que mires lo imperfecta que eres. Cada defecto y cada fallo que tienes.
Lo haces, todos los días. Hasta que acabas llorando frente al espejo, pensando que eres tan poco que si no estuvieras ahí, en ese preciso momento, nadie lo echaría en falta.
La gente cree que te ayuda enfadándose o dejándote de hablar, pero lo que en realidad consiguen es que te hundas más en ese circulo vicioso de obsesiones que tu mente ha creado. No se dan cuenta de que no ayudan; de que si quieren ayudar, lo que deben hacer es dar apoyo y comprensión.
Pero no lo hacen, y las consecuencias después las paga esa persona.
Así es la vida de una chica acomplejada, con la cual, las palabras y los actos del pasado han podido con ella haciendo que se consuma hasta llegar a eso.
Es triste, ¿verdad?
Por eso suelen decir: "No hagas nada que no querrías que te hicieran a ti".
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